La ansiedad social se suele desarrollar en la juventud, después
de la adolescencia y su aparición es mucho más común de lo que se piensa
popularmente.
Como explica el artículo de la periodista Yaiza Martínez sobre los hallazgos de
unos investigadores suecos, se sabe que la oxitocina promueve el comportamiento
pro-social.
Este neuropéptido (o cadena de dos o más aminoácidos o
monómeros de proteínas) es segregado por nuestro organismo en situaciones como
el parto o la lactancia, y produce un efecto analgésico o de calma.
Estudios llevados a cabo con animales han demostrado asimismo que la oxitocina
promueve la interacción social, por ejemplo, durante la época del cortejo. En
los humanos, se conocía que esta hormona tiene una influencia directa en la amígdala,
que es una región del cerebro clave en las interacciones sociales y en la
identificación de amenazas emocionales inmediatas. Como parte del sistema
límbico, la amígdala se encarga del procesamiento y del almacenamiento de
reacciones emocionales.
La oxitocina puede reducir la ansiedad e incrementar las
oportunidades de contacto social, de esta forma un déficit de oxitocina podría ser
la culpable de la fobia social y los problemas de interacción que conllevan estos
Fuente: Las fobias sociales dependen de una hormona de Yaiza Martínez
http://www.tendencias21.net/Las-fobias-sociales-dependen-de-una-hormona_a2455.html


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